Mas clases del libro de Deuteronomio
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Cabeza no cola

DIOS ESTA ENOJADO
Deut. 5:7-10

Introducción:
   ¡Las campanas de una iglesia suenan, hay dolor! No, nadie ha muerto. Lo que las campanas anuncian es que se ha violado la Ley de Jehová y se está ignorando el hecho. Hay dolor en el cielo, en el corazón de Dios. Los hombres han desobedecido los mandamientos de Dios.
¡Dios está enojado!
Dios está enojado con la humanidad por sus transgresiones y no se arrepienten de ellos.
Cuando Dios creó al hombre para ponerlo a gobernar la tierra, El mismo estableció leyes para regir su creación. Sin embargo, el hombre ha hecho totalmente lo contrario al mandato de Dios. Ahora, el hombre y la humanidad completa, viven en una miseria a causa de las maldiciones que vinieron por la desobediencia.
La humanidad necesita ayuda. Pero, en vez de mirar a su Creador, pone su esperanza en dioses que no tienen vida en sí (Jer. 51:17-18). ¡Qué dolor! Están haciendo lo que Dios dijo que no hicieran.

1. Es posible ser idólatra y no saberlo.
   Si hay algo que Dios detesta y es abominación delante de El, es la idolatría. Dios no tolera la idolatría.
No tendrás dioses ajenos delante de mí (Deut. 5:7), fueron sus palabras. Ahora bien, la gente piensa que idolatría es solamente cuando alguien tiene una estatua para adorarla. Sin embargo esto va más allá de tener una estatua y quemarle una vela. Muchas personas tienen dioses y no los cargan en sus espaldas, ni les queman velas y ni oran a ellos; más bien los tienen en sus mentes. Ídolo es todo aquello que se interpone entre Dios y el hombre.

   Desde el momento que se quita a Dios como la prioridad en la vida y se reemplaza con cosas materiales o actividades carnales se está formando un ídolo invisible. Jesús dijo: Si alguno quiere venir en pos de mí, niéguese  a sí mismo, tome su cruz cada día, y sígame (Luc. 9:23). Esto nos enseña que nuestra vida en sí no vale nada sin Cristo. Y si queremos seguir a Cristo tendremos que dejarlo todo, incluso; si es necesario, lo más valioso en nuestras vidas. No quitando estas cosas de nuestras vidas se convierten en ídolos, pues a causa de ellos no podemos seguir a Cristo con libertad.

   Hoy en día hay muchos idólatras, no solo en el mundo sino también dentro de las iglesias. Estas personas defienden sus ritos más que la Palabra de Dios. Están queriendo servir a Dios a su manera. Están rebajando el santo evangelio de Cristo embarrándolo con las cosas mundanas y piensan que a Dios le va a agradar.
Muchas personas tienen estatuas de santos en sus casas, según ellos para protección, pero en realidad lo que trae es maldición sobre la familia y los hijos. No harás para ti escultura, ni imagen alguna de cosa que está arriba en los cielos, ni abajo en la tierra, ni en las aguas debajo de la tierra. No te inclinarás a ellas ni las servirás; porque yo soy Jehová tu Dios, fuerte, celoso, que visito la maldad de los padres sobre los hijos hasta la tercera y cuarta generación de los que me aborrecen (Deut. 5:8-9).

2. Deja tu ídolo y corre a Jesús.
Dios está enojado contra todo aquel que idolatra las cosas materiales, sus hijos, el deporte o sus creencias religiosas. Un día el Señor castigará a los idólatras porque ellos no pueden entrar en el Reino de los cielos (1 Cor.6:9) (Apoc. 21:8).
Zaqueo idolatraba el dinero. El no se conformaba con lo que ganaba, por lo que decidió robarle a la gente en sus impuestos. Un día descubrió que a pesar de tener todas las comodidades en la vida era un hombre infeliz. El dinero ya no le daba satisfacción. De pronto escuchó que un hombre llamado Jesús tenía el poder para perdonar los pecados. El, ansioso de tener un momento de felicidad en su vida, dejó a un lado el ídolo que lo ataba y se fue en busca de Jesús.  En Cristo encontró la paz; sin embargo, Zaqueo reconoció que de nada serviría todo lo hecho si no se deshacía de lo que un día lo llevó a la idolatría. Devolvió el dinero a su dueño para poder disfrutar una vida con la conciencia en paz con Dios (Luc. 19:2-10).

Conclusión:
El único que puede apaciguar la ira de Dios sobre el pecador es Cristo viviendo en un corazón arrepentido. Ven a Cristo, haz la paz con Dios (Is. 1:18) y pon a Jesús en el trono de tu corazón y deja que el Espíritu Santo te guíe en la senda verdadera.

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