LEVÁNTATE Y CRUZA TU JORDÁN
Josué 1:1-3

Introducción:
   Dios nos ha prometido un hogar cerca de él. Sin embargo, el camino al cielo es duro. Desde los días de Juan el Bautista hasta ahora, el reino de los cielos sufre violencia, y los violentos lo arrebatan (Mat. 11:12).Esta es la razón por la cual muchos prefieren quedarse inmóviles al llamado de Cristo. Pero mi hermano, el Señor nos llama a levantarnos para cruzar en medio de lo que más tememos. Es tiempo  de levantar nuestras carpas de la comodidad y el temor para ir en pos de nuestro capitán quien nos llama a conquistar.     
Me da mucha tristeza ver que hay mucha gente desanimada en medio del pueblo de Dios. Un día estaban esperanzados en grandes cosas; pero, cuando llegó la hora de la prueba se quedaron sentados en desesperación (Mat. 13:20-21)
Al igual que a los israelitas, Dios nos llama a levantarnos porque la victoria es nuestra. Solamente debemos poner nuestra fe en Cristo porque lo que su palabra promete él lo cumple.

1. Las aguas del Jordán.
Aunque el río Jordán no era grande; no obstante, en el tiempo de Josué no había puentes para cruzarlo, y estaba desbordado a causa de las lluvias. De alguna manera era peligroso, especialmente cuando en medio del pueblo había niños. Pero, qué alentadoras son las palabras de Dios: No te dejaré, ni te desampararé (Jos. 1:5). Dios promete dar la victoria a Israel pero tenían que levantarse de su lugar como símbolo de obediencia y fe en él, Mi siervo Moisés ha muerto; ahora, pues, levántate y pasa este Jordán, tú y todo este pueblo, a la tierra que yo les doy a los hijos de Israel (Jos. 1:2).
Para los israelitas, cruzar el Jordán con la familia era imposible. Esto podía significar la muerte para muchos. Pero para alguien que ha creído en Dios como Josué no había nada imposible.
Mi hermano, tu Jordán puede ser los problemas que no has resuelto por mucho tiempo. Pueden ser los hijos que se fueron de casa y no han vuelto a llamar. Puede ser tu pareja que no quiere buscar de Dios. Puedes ser tú mismo con tus debilidades. Tal vez ves los problemas y quisieras nunca cruzar tu Jordán. Pero Dios te dice: Levántate y cruza tu Jordán, solamente esfuérzate y sé muy valiente (Jos. 1:7).
El río Jordán representa los obstáculos en la vida del cristiano. Si no lo cruzamos, nunca veremos la gloria de Dios en nuestras vidas.

2. La presencia de Dios inmoviliza las aguas.
   Si examinamos los versículos que hemos leído nos daremos cuenta que Dios no le pide al pueblo de Israel que cruce el río nadando. Sólo les dice que se levanten y crucen.
Cuando Dios tiene planes para su pueblo no hay ningún demonio que lo pueda detener. Los israelitas estaban a punto de presenciar un milagro. Las aguas del río Jordán se partirían en dos (Jos. 3:10-17). El arca de Jehová significaba la presencia misma de Dios con su pueblo. Esa es la razón por la cual los sacerdotes se detuvieron en medio del río con el arca; porque mientras el pueblo cruzaba, la presencia de Dios estaba deteniendo las aguas. Es hermoso saber que detrás de cada victoria está la mano poderosa de nuestro Jesús.
Cuántos de nosotros sufrimos en medio de los problemas por no tener fe en Dios. Cristo Jesús, el capitán, no se ha tirado de la barca para dejarnos a la deriva. El está en la barca con nosotros. Lo único que debemos hacer es clamar a él con fe (Luc. 8:22-25). Los discípulos estaban al borde de la muerte porque habían ignorado la presencia de Cristo en la barca.
Mientras vive Dios siempre habrá salvación para aquel que confía en él (Sal. 3), eso es para siempre. El apóstol Pablo iba con rumbo a Roma cuando una tormenta azotó el barco, despedazándose en la playa de Malta. Sin embargo, él nunca dudó de la grandeza de Dios. Aunque no pudo ver la luz del sol por muchos días (Hechos 27:20), Pablo sabía que Dios estaba con él (Hechos 27:23).

Conclusión:
Nada nos ganamos con quejarnos de nuestro estado actual. Es necesario obedecer al maestro quien nos llama a cruzar en medio de los problemas más difíciles. Cristo Jesús dijo: Y yo rogaré al Padre, y os dará otro Consolador, para que esté con vosotros para siempre (Jn. 14:16). Si alguien se siente solo y perdido es porque no ha puesto su fe en Cristo.

 

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