Mas clases del libro de Números
Pon tu mirada en Jehová
Si te va mal no murmures espera en Dios
Vislumbrando la cruz
No te acuestes con el mundo

PON TU MIRADA EN JEHOVA
Números 13:1-3; 13:23-33

Introducción:
Cuando leemos la historia del pueblo de Israel en este capítulo de Números puede traer lágrimas a nuestros ojos al ver que estuvieron cerca de entrar a la Tierra Prometida pero no lo hicieron. La razón por la cual no pudieron entrar a la heredad que Dios les había prometido era la desconfianza en el Todopoderoso, y la desconfianza en Dios es rebelión.
Moisés mandó doce espías a reconocer la tierra que estaban a punto de tomar para alzar la moral de un pueblo desfallecido. Día tras día el corazón de ellos necesitaba un descanso. Estaban cansados del camino del desierto. Sin embargo; no nos olvidemos de que Dios no quería verlos en el desierto. El deseo de Jehová era que entraran en el lugar de reposo, Canaán. Ahora bien, todo dependía del deseo del pueblo para tomarla, pues Dios ya se los había dado; era solo de reclamarla.
En vez de dar una descripción positiva del viaje, diez de los doce espías desanimaron al pueblo. Estos diez espías le pusieron más atención a los obstáculos que enfrentarían en vez de confiar en un Dios que todo lo puede.
Los otros dos espías eran Josué y Caleb, hombres temerosos de Dios. Estos, aunque vieron lo mismo que los otros diez, no se fijaron en las improbabilidades. Más bien entregaron su confianza en Dios y no en sus fuerzas humanas. 


1. El reporte negativo de los diez espías.
                  Vers. 27-29; 31-33.
Es muy fácil caer en el desánimo cuando quitamos nuestra mirada del que todo lo puede, el Señor Jesucristo.
La historia de estos diez espías es  triste porque no solo no creyeron en Dios sino que contaminaron a un pueblo completo con su negativismo. Es cierto que la tierra de Canaán estaba habitada por gigantes pero no eran invencibles. Las ciudades estaban amuralladas pero no llegaban al cielo. Se olvidaron de que Dios partió el mar Rojo en dos y cruzaron en seco cuando huían de Egipto.
En las iglesias de hoy en día hay muchas personas desanimadas porque no se les ha presentado el evangelio de Cristo como algo que llena al ser humano de gozo al saber que sus pecados han sido perdonados. Muchos predicadores y miembros de las iglesias presentan el evangelio como una carga pesada que tienen que llevar por el resto de sus vidas. Les predican más de los gigantes espirituales que luchan contra cada creyente que del poder que hay en la sangre de Cristo. Cristo Jesús no dijo: Traigan sus cargas a mí porque les quiero ayudar por un rato; más bien dijo: Venid a mí todos los que estáis trabajados y cargados y yo os haré descansar (Mat. 11:28) y les daré una carga ligera o liviana que no lo llevarán por sí solos sino que estaré con ustedes (Mat. 11:29-30).
El problema que existe actualmente es que mucha gente ve el evangelio como algo difícil y se están yendo al infierno solo por eso, porque no quieren someterse a las reglas de Cristo.


2. Al reconocer su incapacidad, Josué y Caleb confían en Dios. (Vers. 30)
   Entonces Caleb hizo callar al pueblo delante de Moisés, y dijo: Subamos luego, y tomemos posesión de ella, porque más podremos nosotros que ellos. Estas son las palabras de una persona que ha creído en las promesas de Dios. Si el Señor ha dicho en su Palabra que El está con nosotros en medio de la tribulación, así será. El Señor no miente, ni se corre de los problemas.
Josué y Caleb sabían que había gigantes, pero no eran más grandes que Dios. Sabían que las murallas de las ciudades eran altas, pero no eran más altas que el trono de Dios. El Señor quiere un pueblo que tenga el corazón de Josué y Caleb. Quiere la confianza del creyente en medio de la tempestad. El camino al cielo es como un desierto, pero nunca nos dejó Dios a la deriva para encontrar nuestro propio camino para llegar allá. El ya proveyó el camino a través de su Hijo Jesucristo.

Conclusión:
Así como Canaán era una tierra que fluía leche y miel, el cielo es un lugar de reposo para todo aquel que reconoce su debilidad de llegar allá por sí mismo. En San Mateo 5: 3 dice: Bienaventurados los pobres en espíritu, porque de ellos es el reino de los cielos.
Reconozcamos nuestra debilidad e incapacidad como ser humano pero reconozcamos también el poder de Dios que puede obrar en nuestras vidas. Ponga su mirada en Cristo y confíe en El.

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